...Mucho antes del transporte público de hoy, los limeños utilizaron otros mecanismos para trasladarse de un sitio a otro. Según cuenta la historia, hacia la segunda mitad del siglo XIX, la capital de la republica ya contaba con un sistema de transporte público masivo, nada menos que el primer ferrocarril construido en Sudamérica en 1851, conocido como el ferrocarril inglés. No obstante pronto se haría necesario dotar a la ciudad de otro medio de transporte para satisfacer los requerimientos de la población.
La primera propuesta para darle a Lima un sistema de tranvías de tracción animal se presento en octubre de 1862 (de parte de Manuel Magán) pero no tuvo mucho eco. Catorce años después se aprobó la propuesta de Mariano Antonio Borda para el anhelado Tranvía de Sangre (llamado así porque usaba la tracción animal para operar). Así se dio inicio a la compañía del Tranvía de Lima popularmente conocida como Transway e inmediatamente se inicio la construcción del tranvía urbano. El 4 de marzo de 1878 se realizó la inauguración oficial a cargo del entonces presidente Mariano Ignacio Prado.
Aquel día los coches partieron a las 4 P.m. de la calle de la Pescadería e iniciaron un recorrido de ida y vuelta hasta el palacio de la exposición. En los días siguientes, la compañía ferroviaria otorgo viajes gratuitos al público para que perdiera el miedo al novedoso medio de transporte.
Con el lamentable hecho histórico de la guerra del pacífico muchos de los carros fueron dañados gravemente, algunos de los cuales fueron irreparables, aun así el servicio no se detuvo.
A comienzos del nuevo siglo se multiplico rápidamente el número de usuarios como de carros. Estos últimos sumaban 45 para enero de 1900 y 67 en diciembre de ese mismo año. También se los enumeró para un mejor control y orden, excepto 3 de ellos que llevaban por nombres: Lima, Callao y Colón. A la par, se contaba con 339 caballos para el servicio.
Posteriormente los animales serían reemplazados por energía eléctrica, eso le quitaría un poco el romanticismo a la vieja ciudad colonial de Lima, pero a la vez abriría el camino al progreso.julio 01, 2009
Un día sin combis
...Mucho antes del transporte público de hoy, los limeños utilizaron otros mecanismos para trasladarse de un sitio a otro. Según cuenta la historia, hacia la segunda mitad del siglo XIX, la capital de la republica ya contaba con un sistema de transporte público masivo, nada menos que el primer ferrocarril construido en Sudamérica en 1851, conocido como el ferrocarril inglés. No obstante pronto se haría necesario dotar a la ciudad de otro medio de transporte para satisfacer los requerimientos de la población.
La primera propuesta para darle a Lima un sistema de tranvías de tracción animal se presento en octubre de 1862 (de parte de Manuel Magán) pero no tuvo mucho eco. Catorce años después se aprobó la propuesta de Mariano Antonio Borda para el anhelado Tranvía de Sangre (llamado así porque usaba la tracción animal para operar). Así se dio inicio a la compañía del Tranvía de Lima popularmente conocida como Transway e inmediatamente se inicio la construcción del tranvía urbano. El 4 de marzo de 1878 se realizó la inauguración oficial a cargo del entonces presidente Mariano Ignacio Prado.
Aquel día los coches partieron a las 4 P.m. de la calle de la Pescadería e iniciaron un recorrido de ida y vuelta hasta el palacio de la exposición. En los días siguientes, la compañía ferroviaria otorgo viajes gratuitos al público para que perdiera el miedo al novedoso medio de transporte.
Con el lamentable hecho histórico de la guerra del pacífico muchos de los carros fueron dañados gravemente, algunos de los cuales fueron irreparables, aun así el servicio no se detuvo.
A comienzos del nuevo siglo se multiplico rápidamente el número de usuarios como de carros. Estos últimos sumaban 45 para enero de 1900 y 67 en diciembre de ese mismo año. También se los enumeró para un mejor control y orden, excepto 3 de ellos que llevaban por nombres: Lima, Callao y Colón. A la par, se contaba con 339 caballos para el servicio.
Posteriormente los animales serían reemplazados por energía eléctrica, eso le quitaría un poco el romanticismo a la vieja ciudad colonial de Lima, pero a la vez abriría el camino al progreso.mayo 29, 2009
El amor a los libros
Alfredo González Prada cuenta que su padre, don Manuel, sentía por los libros un respeto casi religioso, al extremo que era incapaz de subrayarlos o trazar notas marginales. Se contentaba con redactar largas tiras de comentarios que añadía cuidadosamente al final de cada libro leído. Todo ello indica que don Manuel no amaba a los libros, sino que era un respetuoso” lector. En realidad, existe un amor físico a los libros muy diferente al amor intelectual por la lectura. Por lo general, el gran lector no ama los libros, así como el don Juan no ama a las mujeres. El gran lector coge los libros conforme caen en sus manos, los usa y los olvida. El amante de los libros, en cambio, los ama en sí mismos como cuerpos independientes y vivos, como conjunto de páginas impresas que es necesario no solamente leer, sino palpar, alinear en un estante, incorporar al patrimonio material con el mismo derecho que al bagaje del espíritu. El amante de los libros no aspira solamente a la lectura sino a la propiedad. Y esta propiedad necesita observar todas las solemnidades, cumplir todos los ritos que la hagan incontestable.El amor a los libros se patentiza en el momento mismo de su adquisición. El verdadero amante de los libros no tolera que el expendedor se los envuelva. Necesita llevarlos desnudos en sus manos, irlos hojeando por el camino. Meter los pies en un charco de agua, sufrir todos los trastornos de un primer encantamiento. Llegando a su casa, lo primero que hará será grabar en la página inicial su nombre y la fecha del suceso. Porque para él toda adquisición es una peripecia que luego será necesario conmemorar. Con el tiempo dirá: “Hace tantos años y tantos días que compré este libro”, como se dice: “Hace tanto tiempo que conocí a esta mujer”. Cumplido este requisito, el amante de los libros cogerá el primer objeto que encuentre a su disposición -sea regla, tarjeta u hoja de afeitar- y comenzará a cortar las páginas del libro y lo irá leyendo progresivamente con vehemencia, con sobresalto; como se ama a una novia conforme se la va descubriendo. Y durante el proceso de la lectura no resistirá ninguna tentación. Lo cubrirá de caricias y rasguños. Las páginas se irán cubriendo de “ojo” admirados, de objeciones marginales a sus ideas atrevidas, de interrogaciones a sus párrafos oscuros. Y solamente así -después de haberlo hecho viajar en tranvía, después de haberse introducido con él en la cama- podrá decir que ha leído ese libro, que lo ha poseído, que lo ha amado.
Es por ese motivo que el amante de los libros es intolerante con los libros ajenos. Leer un libro ajeno es como leerlo a medias. Si el libro es nuevo el lector necesitará observar cierta cortesía -forrarlo, probablemente- necesitará, además ser condescendiente con sus ideas, aceptar políticamente algunos puntos discutibles, combatir de continuo sus impulsos voraces y contentarse, por último, a dar aquí y allá un ligero toquecito a fin de no hacer ostensible, a ojos del propietario ese abuso de confianza. Si el libro prestado es viejo y releído la situación varía radicalmente. El lector se enfrentará a él con la animosidad, con el escepticismo de quien se apresta recorrer una floresta ya explorada, de la cual se ha recogido sus más sabrosos frutos. Cuando más, se limitará a descubrir algún rincón oculto que pasó inadvertido al propietario y en el cual pondrá el regocijo de un verdadero hallazgo. Por esta misma razón, el amante de los libros no puede frecuentar bibliotecas públicas. El acto le parecerá tan humillante y pernicioso como visitar las casas de tolerancia. Los libros puestos a disposición de la comunidad son libros indiferentes, son libros fríos con los cuales no nace un acto de verdadero amor, no se crea relación de confianza. Frente a ellos, solamente, podrá a veces practicarse algún acto de brutalidad, como arrancar una de sus páginas. Hay gente, sin embargo, que solo lee en las bibliotecas públicas y eso revela, en el fondo, una profunda incapacidad para amar. Un libro leído y amado es un bien irremplazable. Al gran lector no le pesará perder o regalar un libro suyo porque podrá adquirir otro idéntico. Para el verdadero lector no existen libros idénticos, por semejantes que sean. Cada libro es para él una amistad con todas sus grandezas y sus miserias, sus disputas y sus reconciliaciones, sus diálogos y sus silencios. Al releer estos libros -el amante es sobre todo un relector- irá reconociendo sus horas rendidas, sus viejos entusiasmos, sus dudas inútiles. Un libro amado es un fragmento de vida, Perdido el libro, queda un vacío en la memoria que nada podrá remplazar. Los verdaderos amantes de los libros inscriben su vida en ellos. Se podría adivinar el carácter de una persona, se podría incluso trazar su biografía, examinando no solo qué libros ha leído, sino cómo los ha leído. marzo 31, 2009
A goleadas aprendí
- Mantendrás intacta la billetera: la cerveza, canchita, maní y demás antojos se verán relegados, y tu peculio seguirá acompañandote en busca de alguna mejor oportunidad de inversión.
- Tu hígado te lo agradecerá, no solo por los litros de cerveza que evitaras libar, sino porque es muy probable que al ver el partido, los enojos sean frecuentes, cuida tu hígado, apaga el televisor.
- Pasaras más tiempo con tu madre, tu pareja, tus hijos, tu computadora, tu perro o un largo etcétera, seguro se sorprenderán de que pases con ellos una tarde futbolera, así ganaras más de lo que te imaginas.
- No veas algo, con lo que sabes, tendrás un mal sabor de boca que te durará por algunos días.
- Finalmente solidaridad con el planeta, ahorraremos un par de horas de energía (apagando el televisor), de esta manera el planeta ahorraría millones de horas de energía. Al fin y al cabo los peruanos somos solidarios =).
marzo 20, 2009
Back to the future
Durante estos últimos días había estado un poco en las nubes, (podríamos decir que mi espíritu aeronáutico salio a flote =P) después de mis quehaceres diarios, ya por la tarde, no había nada planeado, leía un poco, pero tampoco eso era lo que esperaba para terminar el día u.U
Luego de poco cavilar, ya sabia lo que debía hacer para liberarme de esta especie de aturdimiento en el que estaba metido, ---> ver una pela -película, movie, film-, la mejor que existe (of course) "Volver al futuro", si, bueno luego podrán cuestionar mi criterio cinéfilo, pero hasta ahora ninguna me ha cautivado tal como lo hizo este film de Steven Spielverg y Robert Zemeckis, tanto tanto como para verla una y mil veces.
La primera vez que vi esta película tendría unos 6 años y fue en la TV, en Cine millonario, ese espacio del canal 2 (aquí en el Perú) en donde pasaban repetidas todas las películas gringas. Además fue la primera vez, que yo recuerde, que me quede hasta tan tarde viendo la tele, apenas las 11 de la noche xD, al otro día fui a la escuela así que hay merito xD.
La historia es alucinante, los actores de primera: Michael J. fox, Christopher Lloyd, Lea Thompson y como en toda buena historia que se respete, uno se termina encariñando con los buenos y detestando al villano. Eso mismo me paso (para que vean que la historia es buena), termine detestando al Biff Tannen de la pantalla. Ahora que quise enterarme un poco más de la pela, me encontré con un Biff Tannen (Thomas F. Wilson) muy cómico, lo que verán en el vídeo es una de sus parodias con respecto de la película, ahora digamos que ya se me paso el rencor contra ese patán de secundaria :P.
Mírenlo, no hay pierde.
no le gustan mucho las preguntas xD
marzo 16, 2009
Blue shadow
El azul siempre fue magnético para mi, hacia donde él estaba, mis ojos modificaban su rumbo y se fijaban en ese color más que en cualquier cosa, y es que el azul tiene muchas formas: el cielo es azul (en Lima no), el mar es azul, la Tierra es el planeta azul, la etiqueta del mejor whisky es azul, hasta la sangre noble es azul, así que terminé preguntándome porque mi sombra no puede ser azul?






